Ventana

En cada ventana se esconde una luz, destellos de esperanza, enfurecida y maloliente nostalgia. Fuente de deseos y sueños.

Hay personas que habitan en su interior escondidas tras su bella fuerza, atrapadas entre el perdido olvido, la que invade cada centímetro de sus desdichadas almas. Con sus puertas cerradas.

Hay otras, que en algún momento, entre la timidez y la inocencia que puede originar la curiosidad, se dejan seducir por los aullidos de los lobos a medianoche, por las suaves y excitantes melodías que forman el rozar de las hojas entre el viento suave que las acaricia. Van dibujando de flores sus sueños, imaginándose los pasos del dulce recorrido de algún lejano lugar, siguiendo el baile del agua del río que rocía sus pieles.
Sueñan, noches sí y otras también, dejando entreabiertas sus ventanas para renovarse una y otra vez. Para liberarse de la razón de ser.

Si paseas con los primeros rayos del alba, allí donde estés, muy tempranito, y pasas por debajo de la ventana de un soñador, lo sabrás.

Se habrá olvidado de cerrar las puertas de la esperanza al acostarse.

Bàrbara Sarriera

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