Olivo

¿Y por qué no sentir la versión más auténtica de ti misma? Sentir lo que te gusta y lo que no te gusta. Aceptarlo y mostrarlo. Dejar los disfraces. Atreverte a ser. Atreverte a aprender. Aprender a valorarte. Aprender a perdonar. Perdonarte. ¿Por qué no amarte y pensar más en ti misma y en el bienestar que puedas generar desde tu propio útero sin esperar nada de nadie ni de algo? Porque cuando buscas recibir el amor fuera de ti y esperas que sea de una manera en concreto, ese amor no será real. Aunque duela saber eso. Cuando crees y esperas en consecuencia que el bienestar te llegue desde una fuente externa, el agua jamás brotará, cielo.

Andamos cegados, enfrascados en creencias limitantes, ruido y alboroto ajeno, malos sentimientos que se generan desde nuestro adentro y que se expanden hacia afuera. Nos convertimos en miedo y éste consume cada movimiento que hacemos, debilitando la ínfima existencia que disponemos en esta vida. Retroalimentación negativa sin la existencia de reflexión alguna que pueda redireccionar esa energía con buenas vibraciones hacia un lugar más placentero y sereno. Hacia nuestra felicidad y salud emocional, corporal y espiritual.

Andamos pidiendo amor, pidiendo y pidiendo, consumiendo energía, consumiendo y gastando, desaprovechando y despreciando, siendo ignorantes títeres. Deseando cosas que ni sabemos de su verdadero significado. Andamos perdiendo el tiempo, despistados y aturdidos, empobrecidos. Andamos, nos levantamos sin haber aprendido nada y nos volvemos a caer en un lugar parecido al que caímos ayer. Y otra vez. Y una vez más. Y la espiral sigue y sigue a la inversa.

Los árboles nos observan y sienten enmudecidos. Y su fuerza y sabiduría esperan ser hallados. Esperan ser acariciados por la comprensión y compasión humana. Están ahí, esperando ser sentidas y acariciadas sus hojas y enseñanzas. En su naturaleza nace la gran medicina de la vida, la que nos puede ayudar a sanar, a regenerar, a meditar, a vibrar más alto.

Y nosotros seguimos bailando en la espiral inversa. Y nuestro centro sigue sin generar desde su poder hacia el aire que respiramos. Seguimos sin crear sentido a la vida.

Y ese anciano olivo te recuerda que el agua que puede hacer florecer tus semillas está en tu interior. Te recuerda que la autenticidad de tu ser empieza por limpiar todo lo turbio, desaprender tantas creencias impuestas y absurdas, regar tus semillas, ser tu propia voz, convertirte en sabiduría, compasión, humildad, contemplación y acción. Valorar y agradecer tu existencia, la existencia de todos aquellos que te rodean. Lucir tu piel desnuda. Ser auténtica. Renacer.

Invierte la espiral hacia el centro. Hacia el centro del corazón. Empieza a ser frescura y fuerza. Sé amor en tu andar.

Quiero ver un árbol grande y frondoso. Robusto y sabio. Ahí afuera. Me yergo ante su maestría silenciosa. Él me indica hacia donde deben de dirigirse mis pies. Y mi mirada. Y mis propósitos. Y la energía de mis latidos. Lo escucho. A ese árbol, robusto y sabio.

Bàrbara Sarriera

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