Riendas de tu vida

Y entonces comprendes que la libertad es un acto consciente. Es tomar las riendas de tu vida. Encontrarlas entre la basura, mirarlas hipnotizada mientras el corazón te golpea el pecho y la historia de tu vida pasa velozmente por tu mente, a cámara rápida, mientras vibra a rabiar tu latir. Respirar en silencio. Acercarte a ellas con las yemas de tus dedos temblorosos por el esfuerzo que te supone esa realidad, exhausta por toda la brillante energía que desprendiste, perdida, acumulada y dejada en otras manos para su beneficio. Agarras las riendas mientras cierras los ojos y en ese mismo momento sabes que es hora de recorrer un maravilloso y nuevo camino. Sabes que vas a tener que esforzarte y que las caídas seguirán enmarañando tus pasos, aunque esta vez, van a ser menos dolorosas. Vas a tener que sanar tu espíritu, eliminar de su carga todo eso que huele mal. Sí, porque la mierda esta en todas partes. Nos movemos en ella a diario. Y hay que limpiar tantas cosas, cielo.

La libertad comporta responsabilidad. Una responsabilidad majestuosa y aprendida hacia tu ser. Es respetar tus ritmos, los ritmos de aquellos que se cruzan en tu camino. Es aprender a observar la vida que te envuelve y que pasa,  a valorarte, a amarte como nadie antes te había amado, por encima de todo en este mundo. A amar y amar y volver a amar sin ningún apego que te pueda nublar ese amor que ofreces hacia ti misma y hacia todo ser que se acerque a ti. Dejar ir. Aceptar lo que es. Libertad, es detectar aquellas energías negativas que no favorecen tu crecimiento espiritual y con el más amoroso acto, apartarlas de tu camino simplemente enfocándote hacia aquello que sabes que va a nutrir tu espíritu. Es la integración de tu ser en todas sus partes y hacia el mundo que lo rodea. Es aprender, con el tiempo, con los años y las caídas, que antes de hablar debes de escuchar, poner plena atención a las reacciones de tu cuerpo, tus emociones y tu mente ante cualquier situación. Equilibrar tu centro. Es saber sentir el llanto ajeno, abrazarlo en silencio.  Es entender que el poder de un silencio será muchas veces tu mejor aliado. Un beneficio para ti.

Libertad es mirar de frente al miedo y agradecer que esté presente. Observar las lecciones que te muestra y sentir como ese aprendizaje teje unas alas hermosas y poderosas en tu ser.

Libertad es oler más flores y dejar que los demás corran por ti. Tú sabes que todos iremos a parar al mismo lugar, no hace falta correr. Tómate tu tiempo, el tiempo que necesites. Libertad es mirar el reflejo que ves cuando te colocas delante del espejo y sentir paz, aceptar ser como eres antes de hacer ningún paso hacia adelante. Es reír como una niña, jugar con ellos y aprender de su sabiduría. Libertad es vivir en la inocencia que llevas dentro de tu loba salvaje y soñar a plena luz sin perder ni un segundo el olfato que te hace sobrevivir. Es realizar esos sueños que te sacan una sonrisa y hacen brillar tus ojos. Libertad es compartir, compartir todo lo que puedas, cuando lo sientas y con quien que quieras. Es dar. Y no esperar nada de vuelta.

Libertad es entender que vas a morir. Tú y todos nosotros. Y echarle valor a la vida, sonreír al corazón, amar con todo tu coraje y vivir hasta no poder más. Hacerte el amor y sentir el éxtasis de esa emoción. Levantarte una y otra vez, compañero, una y otra vez.

Y es, a veces, tanto el tiempo que uno tarda en darse cuenta del significado de la palabra libertad. Tantos llantos y tanto sufrimiento.

Que todo el mal que has vivido, mi amor, se a partir de ahora y desde esta toma de conciencia, el agua viva que moje las semillas que nacieron al despertar.

Que tus cicatrices sean las más hermosas y que con ellas puedas dibujar formas que jamás antes hubieras visto. Que las mimes y las acaricies con esencias purificadoras y veas a través de ellas tu bella historia. La que te hizo correr hacia la libertad y crecer en ella.

Cuando abres tu mente, el universo entero se muestra ante ti. Todo el pequeño mundo en el que vives, cambia. Tu percepción, tu entendimiento, tu guión tan aprendido, tus miedos… Eres uno. Soy una. Somos un todo. No existimos sin esa unión de cada uno de los elementos que conforman nuestro ser. Y ese, es tu gran poder, nuestro gran poder.

Libérate. Coge las riendas de tu vida, cabalga. Gobierna tu ser.

Bàrbara Sarriera

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Imagen congelada en plena explosión de emoción y vida en un momento consciente. Con los pies descalzos y el corazón en una mano. Cabalgando mi ser.

Otoño, mi amor.

Otoño.

Espacio de cambios. Meditación consciente al corazón. Momento en que la tierra se recoge en calma, poquito a poquito, para dejar morir y volver a renacer.
Así como en uno mismo los cambios son los movimientos necesarios para una mayor plenitud, para un renacimiento interior. Sentir el fresco aire que se acerca en silencio, dejar que penetre en los pulmones para poder vaciar antiguas creencias, para limpiar. Dar espacio. Y deshacerse de todo aquello que nos impide un crecimiento espiritual. Nos desprendemos de aquello que ya no nos aporta vida, abrimos la mente, calmamos el corazón y nos preparamos para un intenso y cíclico cambio. Mantenemos el calor interior y el calor exterior solamente de aquellas cosas hermosas que nos hacen bien y poder así sentir luz y amor. Mantenemos nuestra propia fuente de energía.

El renacer será hermoso. Siempre lo es cuando el entendimiento a la vida y al amor, al miedo y a la muerte, es puro y real, auténtico.

Bàrbara Sarriera

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Imagen capturada en una bella mañana otoñal y tímida. En el bello Mediterráneo.