Alas de mi alma

Rezo al Sol siempre que así lo siento. Al Padre Sol que nos alumbra el camino, el que nos da vida y fuerza para ser, para sentir luz y nos acoge día tras día, incansablemente, con su amor.

Rezo al Sol, a esa fuerza en forma de estrella que vemos en el cielo azul, dejando que su luz me impregne y agrande mi alma. Desde el sitio donde me encuentro, le mando mi agradecimiento, mi luz; le devuelvo con luz mi amor.

Intento recordar el momento exacto en el que me perdí, en el que volví a nacer.

Ese mágico momento en el que empecé a creer en el poder de mi sonrisa, de mis llantos, de mi felicidad, de mi creatividad, de mi fuerza, de mi alma, de mi corazón. Intento recordar el momento en que entendí que no existe día sin noche ni noche sin día. El día en que entendí que solamente yo puedo vivir mi vida, que solamente yo puedo apreciar y recorrer mi camino y que nadie lo dibujará nunca por mí. El día en que me di cuenta del poder que crece a mi alrededor al valorar todas y cada una de las esencias que forman mi vida. El día en que dejé de juzgar mis pensamientos, mis sentimientos, mis actos. El día que dejé de prejuzgar a los demás seres de manera automática y sin razón alguna. El día que callé y bajé la cabeza asintiendo así al perdón que debía sembrar. El día que comprendí que anhelar lo que no está a mi alcance es una ilusión, y rompe mi corazón volviéndome débil. Débil por no amar la rica y suave brisa que acaricia mi piel. El día que aprendí a aceptar la naturaleza del ser humano, a aceptar mis errores, tus errores, sus errores. El día que entendí que, absolutamente todo, pasa por alguna razón y que así debía de ser. El día que empecé a quererme, a valorarme, a amar a las personas que me rodean y disfrutar de ellas, entregándoles mi pureza interior, toda la que puedo ofrecer en cada momento; esa que está creciendo, que se está formando. El día que conecté profundamente con Mamá Tierra y con nuestra hermana Naturaleza.

El día que renací para estar aquí. Para vivir.

Y a pesar de brotar en mí la bella esencia de la conciencia, seguí sintiendo miedo, compañero. Sí. A veces sigo sintiendo miedo. Miedo a ser, a mostrar mi alma a los demás seres. Sin embargo, dejo que fluya esa sensación. Le sonrío, como a un viejo compañero, que tantas veces me acompañó agarrándome de la mano y habitó en mi corazón, y que tanto me hizo crecer; sí, sentir miedo, ser consciente de su mal y dejarlo a un lado, eso, te hace más grande. Dejo que fluya, le doy espacio y mi aceptación. Sé que algún día se cansará de visitarme. Gracias a él, puedo escribir estas palabras, querida alma.

Quizás la intuición que me llena el pecho, debe de ser liberada, salir más a menudo, crecer, mostrarse desde el amor. Uno debe de sanar su corazón a medida que el tiempo transcurre. Uno debe de aprender a ser, a ser de verdad. Y eso, solamente lo puede hacer uno mismo.

Así que hoy me encuentro aquí, allí, donde quiera que sea. Y dejo que los segundos de mi existencia fluyan dando paso a mi bienestar. Tomándome mi tiempo para ser, desde la conciencia. Sanando y mimando el rinconcito que cada uno tenemos en nuestro interior de amor, tranquilidad, armonía y paz, ese rinconcito creador de la única fuente para beber plenitud.

Intento recordar el momento exacto en el que me perdí, en el que volví a nacer. Y no consigo hacerlo, pues no existe ese preciso instante.

Hace algún tiempo, fabriqué un lápiz de todos colores, y empecé a dibujar senderos, a escribir mi historia, a plasmar mis sueños.

Hace algún tiempo, entendí que los momentos solamente los puedo apreciar con los ojos cerrados, la mente apaciguada y atenta, y el corazón abierto. Que solamente los puedo alcanzar con las alas de mi alma, cogerlos al vuelo, detenerlos en el tiempo y guardarlos en lo más profundo de mi ser.

En mi corazón y en mi mente se halla todo mi equipaje. Todo lo que necesito lo tengo en mis manos, cuidando de él.

Libérate del mal, mi amor. Coge las riendas de tu vida y dirígete hacia la luz eterna, esa luz que te ofrece Papá Sol para que nazca de tu interior.

Bàrbara Sarriera

Tyssul Patel(Imagen de Tyssul Patel)

Madre Tierra

 

Sentir la hierba húmeda rozar las plantas de mis pies desnudos me recuerda la inmensidad de la vida que nos rodea. Entonces acerco mis palmas de las manos a la tierra, la acaricio, me estiro encima de ella y dejo que su energía penetre en todos los poros de mi piel. Desearía sentirla más a menudo. Como desearía que pudieras contemplar más a menudo la belleza que habita en ti, en nosotros, en el aire que respiras y en la vida que te envuelve.

Una vez escuché las palabras de un hombre sabio con piel arrugada y un corazón con tantas ganas de vivir y tan alegre e ilusionado como sereno y cauto, que pensé que el amor verdadero por la vida no pudo nacer en mí de otra manera sin haber encontrado a ese hombre y agradecí el día en el que su alma se cruzó por mi camino. Con sus palabras pude percibir toda la inmensidad que un ser humano podía disponer: “La naturaleza del ser humano es su instinto de supervivencia, y gracias a que el ser humano desarrolló su capacidad de pensamiento, pudo haber luz en él”.

Nosotros los seres humanos, disponemos de tanta luz como de mente y corazón abiertos y extensos tengamos. Nosotros, los seres humanos, tenemos una gran capacidad de amar, de ofrecer bondad, de generar buenas acciones, de transmitir a nuestros hijos e hijas, a nuestras semillas de la esperanza, que la luz siempre fue más poderosa que la oscuridad aunque sea más difícil de alcanzar. Que la oscuridad teme la fuerza de un rayo minúsculo y fino de luz. Y que sin duda donde hay luz, hay oscuridad. De nosotros depende cuál de las dos fuerzas queremos que guie nuestro camino, que forme la esencia de nuestra alma.

La luz nace con nosotros cuando nuestras madres nos traen al mundo. Pero es justamente en éste donde se va difuminando. Porque todavía hay tanta oscuridad en el aire que respiramos que nos olvidamos de nuestra fuerza, la que nos ayudará a vivir en mejores condiciones, la que nos ofrece posibilidades infinitas de vivir en plenitud. Nos perdemos entre los murmullos de la gente al pasar. Nuestro instinto bondadoso, alegre, amante de la ilusión y del desapego, del compañerismo y de la humildad, muere lentamente. Nuestro instinto. Nuestra belleza se difumina. Se nos arruga el alma.

Nuestro ser se compone de tres elementos: pensamiento, sentimiento y acción, que se complementan y fluyen entre sí dando forma a nuestro espíritu. En realidad, podemos dar forma a nuestro ser partiendo de cualquiera de ellas aunque como seres humanos, tenemos la capacidad de pensamiento, y desde allí es donde se pueden producir cambios poderosos y perdurables en el tiempo.

Cada pensamiento único, irrepetible, poderoso y potente que tengamos se convertirá en un sentimiento. Ese sentimiento gestionará nuestros actos. Y nuestros actos definen quién somos. Moldean, construyen o destruyen nuestro alrededor. En una fracción de segundo un único pensamiento puede cambiar el rumbo de tu vida. El pensamiento esculpe nuestro camino.

Cada palabra que emitas nacerá de tus pensamientos, de tus sentimientos. Cada palabra que emitas cambiará tu forma de vivir, tus relaciones, tu vida. La mente, en realidad, contiene una capacidad extensa para dirigir al corazón. Y ellos dos junto a tus actos conforman tu alma, tu espíritu. Tu todo.

Eres un ser único e irrepetible. Por favor, pon atención, sé plenamente consciente de lo que estás haciendo. Capitanea tu mente. Pon rumbo a la paz. Los sentimientos nacen del subconsciente, no temas, ellos siempre te seguirán y además, cuanto más conscientes seamos de nosotros mismos y de nuestro alrededor, los sentimientos más capacidad tienen de desarrollar toda su creatividad y potencial. Así que dale importancia a lo que dices y como lo dices. Escucha. Escúchate. Permanece en silencio. Aprende a pensar. Aprende a hablar. Aprende a comunicarte. Aprende a sentir. Aprende a respetar. Aprende a amar. Aprende a perdonar. Aprende a ser.

Nuestra mente es plástica, solo tienes que entrenarla para generar otros circuitos. Una vez los tengas dibujados ellos se encargarán de esculpir lo demás.

Recuerda que la oscuridad forma parte de ti, nunca podrás desprenderte de ella. Pero puedes aprender a entenderla, a sentirla, a comunicarte con ella, a gestionarla. Puedes coger las riendas de tu vida y sentirte lleno/a, pleno/a en este universo del que formas parte. Negar un sentimiento negativo es negarte a ti mismo. Recuerda también que quien se solidariza con uno mismo y con los demás pudo antes haber sentido miedo y dolor en todas sus formas, y simplemente llegó a entender que todo eso forma parte de él/ella. Aprendió a quererse, a sentirse vivo/a, a generar sentido del humor y a entender que estamos en constante cambio y evolución.

Cuando te mires al espejo y pienses que tú eres el reflejo que ves en él, recuerda que es sólo un reflejo, únicamente una opción de las múltiples que puedes alcanzar. Quién eres y cómo eres siempre será lo que desees sentir y mostrar a partir de la conciencia.

Todos los seres de éste planeta podemos cambiar. Las personas cambian, compañeros.

En el hogar de La Madre Tierra siempre hubo esa condición. El cambio es la propia naturaleza.

Bàrbara Sarriera

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(Imagen de Jonas Nilsson Lee)